15/6/14

Que se llene de luz, así como la imagen

La vida le enseñó a ser fuerte, a mirar con discreción y vivir con poca emoción. Tratando de prepararla para todo lo que le esperaba, le puso caminos, encrucijadas en las que tomar la decisión más correcta le prevería del golpe en el futuro. Sin embargo no hizo caso, cerró sus ojos cuando la luz pedía a gritos ser vista, evito que le llenara el alma y no se dejó cambiar, simplemente no la vio. Y se golpeó.

Las piedras fueron cayendo poco a poco, el dolor que esto causó comprobó una vez más que el dolor que es lento duele más que cuando viene de imprevisto.  Es ir viviendo punzonadas en el ser que vienen de todas direcciones y maneras, como una llovizna que al irse deja las cosas "refrescadas" o, como una tormenta que a su paso deja llanto, destrucción y soledad. Ya era muy tarde para retroceder, tenía como opción quedarse ahí estancada ante la vida o dar un paso e ir hacia adelante.

Todos los que le conocen, o conocieron, son testigos de todo el sufrimiento que aquella pobre sufrió, todas las noches acostada en su cama viendo hacia el techo por no poder dormir, por no poder sacar todo eso de su mente que la mantenía atada. Muchas veces creyó ver la salida, creyó encontrar los días realmente buenos... Esos días donde sólo la luz nos dispara y la dicha se siente. Quizás nunca pensó en recuperarse de golpe, pero la idea de ir mejorando poco a poco conforme los días pasaban le fascinaba.

Sin embargo, se dio cuenta que las cosas no suceden de esa manera. El tiempo no siempre resulta ser el doctor para nuestras heridas. Por lo contrario, muchas veces resulta ser el ácido que es demarrado sobre ellas y  nos hace gritar por el ardor que este genera. El tiempo, en toda su complejidad, la destrozó por completo.. uno creería que le ayudaría distanciarse, estar lejos, dejar que los minutos pasaran y así poder ir fascinándose de nuevo por la vida, pero nunca funciona así. Es todo muy simple: el tiempo se hizo su peor enemigo.

Cada minuto en el día era otra de esas punzonadas en el pecho, la hacían sentir más y más miserable. Y por la noche, cuando el tiempo transcurre de manera mágicamente diferente, el reloj marcaba los minutos más lento que lo normal, era un simple martirio estar despierta.. El dolor incrementaba. Y había algo en ella le hacía dudar y dudar más de sí misma, las preguntas salían a flote en ese mar de angustia, la mente le jugaba trucos y le hacía creer que tenía la culpa de todo. Era una vida agotadora. 

Ahora el tiempo, o su enemigo debo decir, ha pasado y las cosas han cambiado. No se ha recuperado de todos esos golpes que la vida le trató de prevenir, las heridas siguen ahí cicatrizando lentamente. Y no hay nada que se pueda hacer más que esperar, porque se ha dado cuenta que las cosas pasan como el destino las tiene planeadas, algunas veces se fusiona con el karma y sale todo mal, algunas veces se une con las buenas acciones que realizamos, y nos recompensa. En este caso, el destino, hado o vida, ha decidido y ha sentenciado su condena. Deberá sufrir, llorar, soportar todo lo que sea necesario para que cambie sus pensamientos, para que se deje empapar de esa luz que nos dispara y no se va a ningún lado. Para que pueda entender que se merece algo mejor. 




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