22/1/13

Amigas de verdad, alegría para siempre.

Esta Odisea empezó el sábado por la mañana. Todas debíamos vernos en la casa una amiga para ir a la playa... Al principio, como suele pasar en mi grupo de amigas, todo estaba tenso pero con el paso del tiempo y del viaje en el carro todo fue mejorando. Estábamos gozando mucho, o como dijo mi amiga, era un jubilo regozante. Llegamos a la casa donde nos hospedaríamos los tres días que estaríamos ahí, era hermosa y empezamos a distribuir los cuartos, yo iba a dormir con mi amiga anfitriona. Fuimos a la playa y nos topamos a otra amiga de la secundaria y planeamos ir a la Disco del lugar, ya saben, para disfrutar aún más la noche. La tarde pasó, fuimos a la Iglesia y después a la disco jeje, pero estaba cerrada. Aún así no hubo problema porque nos tomamos unas piñas coladas (claro sin alcohol). Después abrieron la disco, no saben la felicidad. Y claro como en toda buena playa, llegaron unos chicos que ni te cuento como eran; unos chicos de televisión completamente jeje. Sin embargo, los papás de mi amiga nos dejaban estar hasta las 10:30 pm, fui triste porque al final fue cuando los chicos empezaron a bailar con nosotras, y que jolgorio fue eso. Mis amigas y yo estábamos maravilladas de lo lindos que eran pero por desgracia, fue tiempo de irnos jaja. Nunca vamos a superar esa noche, por tener que irnos cuando apenas empezaba la fiesta. Al otro día fuimos a la playa y vimos a los chicos de nuevo jaja y aunque queríamos volver a la disco en la noche de nada valió porque ellos se iban ese día.
Mis amigas y yo estábamos decidas a disfrutar cada minuto del viaje, porque este año sabemos que será más difícil salir, ya que vamos para cuarto año de la secundaria. Y la verdad logramos nuestra meta, cada segundo del viaje lo disfrutamos, y estoy muy segura de que recordaremos ese viaje hasta el final de nuestos días. No fue solo un viaje de amigas, fue más que un simple viaje a la playa. Fue un viaje en el cuál todas reforzamos nuestra amistad, y en otros casos, desempolvamos la antigua amistad que había quedado olvidada. Fue un viaje que siempre recordaremos por el simple y grandioso echo de que nos hicimos más amigas que nunca, compartimos nuestros sueños, deseos, miedos y alegrías. Y juramos por siempre, pese a todas las adversidades que nos traiga el futuro, volver a repetir todos esos minutos de alegría - o jubilo regozante- que vivimos. Porque fue el mejor viaje de toda nuestra historia.


Definitivamente,  somos como ellas. 



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